26/9/09

La apasionante aventura hacia el templo Neverus


Una historia corta que acabo de escribir porque nos la pidió el profe de mates XDDD. Lo dicho, es corta (MUY corta) y el prota soy yo, eran los requisitos xD.

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Me estaba muriendo, ya sabía yo que tener como ejemplo al “El último superviviente” no era buena idea. Tenía hambre, mis tripas rugían como la manada de leones que me había atacado anoche, y mi boca estaba mas seca que el desierto al que había ido la semana pasada. Esta semana me había tocado la visita a la jungla, y vaya, que no era tan fácil como pensaba. Pensé que podría conseguir alimentos de la naturaleza, pero digamos que los gusanos machacados a piedra con un poco perejil no tenían el sabor que yo pensaba. Y el agua imposible, cada vez que me acercaba a la orilla ya estaba luchando con otro cocodrilo, y por poco acabo como el capitán Garfio. Encima ya tenía ganas de asearme un poco, me daba cuenta que olía como treinta alumnos sentados en una clase cerrada después de llegar de educación física, aparte de que estaba cubierto de barro y otras sustancias naturales. Mis ropas verdes y mi sombrero de aventurero también estaban rajados y hechos una pena, y mi ropa interior adherida a mi cuerpo como el papel de una magdalena.

El caso es que me había adentrado en aquel lugar espeso y cubierto de vegetación y animales peligrosos para encontrar algo: El mítico templo Neverus. Cuentan las leyendas que era un enorme templo blanco, y que cuando abrías su puerta encontrabas un paraíso lleno de... bueno, de comida, de comida de todas las clases. En ese momento me venía al dedillo, pues no podía haber mejor cosa que un lugar lleno de comida para saciarme en ese momento, o dentro de nada moriría por desnutrición.

Ahora mismo me arrastraba entre la vegetación, reptando por el suelo. El problema es que hubieran otros colegas alargados y venenosos que se arrastraran conmigo y les diera por sacar su lengua bífida y morderme. Decían que para sacar el veneno había que chupar hasta extraerlo, y hay lugares a los que yo no llego a chupar, claro. En fin, que estaba arrastrándome por el simple motivo que a los pájaros les resultaban atractivas mis orejas, y cada vez que las veían se acercaban a picármelas posándose en mi cabeza, y ya estaba harto. Tenía un arma para defenderme, un cuchillo bastante grande que cogí de la cocina, pero me daba pena atacar a animalillos enamorados de mis orejas. Cuando oí que los ruidos que hacían los pájaros bajaban su volumen me levanté de un salto, sin darme cuenta de que era demasiado alto y había chocado con una rama. La rama se tambaleó y dejo caer un panal de abejas, e instantáneamente miles de abejas furiosas se volvieron hacia mi, como mirándome.

-Perdonad, ¿eh?-dije extendiendo las manos hacia delante en señal de stop, como si fueran coches.

Pero al parecer las abejas no sabían de seguridad vial, pues empezaron a moverse hacia mi con intención, seguramente, de picarme. Sin dudarlo eché a correr hacia delante y sin parar para que no pudieran alcanzarme, pero cada vez oía su zumbido más cerca. Estaba tan nervioso que en vez de su zumbar oía “Adrián te vamos a matar, Adrián te vamos a matar”. Sacando mis últimos esfuerzos corrí tropezándome entre la maleza, hasta que me topé con una familia de monos que se “limpiaban el pelo”, y sin querer le pisé el rabo al más grandote. Sin duda se iba a enfadar conmigo, así que no dudé en correr todo lo que pude al oír sus pasos. Ahora tampoco oía los zumbidos, ni siquiera los gritos y pasos enfadados de la familia de monos, solo “Adrián, te vamos a matar pero de verdad, Adrián te vamos a matar pero de verdad...”

Al final llegué a un sitio que no esperaba llegar, ante mi se encontraba el templo Neverus, en un gran claro sin árboles ni vegetación. Tal y como contaba la leyenda era grande y blanco. Allí se acababa la vegetación, parecía otro lugar dentro de la jungla. Miré hacia atrás, los monos y las abejas se habían quedado quietos, sin atreverse de pasar mas allá. Yo, sacando valentía y mi cuchillo jamonero, me acerqué rápidamente a la entrada del templo, subiendo unas escaleras de piedra. La puerta tenía algo para tirar hacia fuera, así que me dispuse a abrirla lentamente. Casi estaba babeando imaginándome toda la comida que habría allí, por fin podría reventarme a comer como un rey. Seguí abriendo la puerta lentamente, el interior irradiaba una luz blanca y celestial y un olor inconfundible. Sin esperar más abrí la puerta con los ojos abiertos y una sonrisa, pero me caí de espaldas rodando por las escaleras al ver el interior: Estaba vacía, tan solo miles de rejillas enormes y blancas y lo que parecía un paquete de mantequilla gigante. Me quedé inconsciente en el suelo al pie de las escaleras, lo último que oí fue la risa de los monos y la manada de abejas que venía zumbando a picarme.

1 comentario:

  1. Quién es Adrián????? xDDDDDDDDD

    Ña, fuera coñas. Una historia cortita impropia de tu estila, que siempre sueles hacer fics de caps más largos xD Me he reído bastante con los monos y las abejas, la verdad...

    Pobrecico, que al final la nevera estaba vacía xDDDD

    Nos leemos!

    PD esperemos que te pongan buena nota x3

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