28/10/09

Fabio's Chronicles 2

Halou xD.

Aqui sigue Fabio, corriendo como un condenado. El título del capi puede parecer extraño, pero nada más lejos cuando leáis xD. Oye, y si comentáis mejor que mejor, que si no paso de poner nada (chantaje ;D).

Ah, y la rubia XDD. Que a Sato se le escapó en un coment, pero aqui está, al completo xD.

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Fabio's Chronicles 2: El cerdo de los hermanos

Fabio se sentía libre, ahora que por fin lo era. Se deslizaba rápida y sigilosamente entre la maleza, colgándose de unas ramas para ir a otras y superando rocas y obstáculos con mayor agilidad que un felino. Al cabo de unas horas descansó en un lugar idóneo: se había encontrado con un gran lago que cubría mucha de la superficie del terreno. Miró a los alrededores, era imposible que alguien pudiera verlo en ese momento, así que se desnudó y se metió sin pensarlo en las heladas aguas. Acostumbrado a resistir el duro frío del norte en aquella celda, con solo un trapo por encima, las temperaturas bajas no eran un problema, se había acostumbrado. Disfrutó del baño nadando a brazada por todo él, entrando en calor e intentando empezar a recuperar su forma física anterior, hasta que salió y se vistió de nuevo, totalmente despejado. Decidió quedarse un rato más en los alrededores, practicó con su nueva espada varios movimientos contra el tronco de un árbol y no se dio por satisfecho hasta que le hizo una buena “herida” en su tronco. No le gustaban las espadas, o mejor dicho, no le gustaba cogerlas con la mano. Anteriormente utilizaba pequeñas dagas o cuchillos que se fijaba a las muñecas y con las que podía luchar sin necesidad de empuñar el mango de un arma tan larga como lo era una espada. Es por eso que era muy ágil con los brazos, pero bastante torpe a la hora de mover una espada entera, controlar su peso y definir su posición. Los cuchillos eran más fáciles, se movían como una ampliación de él y podía controlarlos a su antojo.
Finalmente retomó el camino, dirección sur. Su destino era la capital de aquel lugar, intentar pasar desapercibido y arreglar sus “asuntos”. Sus compañeros se habían quedado en la cárcel, él no se arrepentía de haberlos dejado allí. Todos tenían que valerse por si mismos, era una especie de acuerdo que habían pactado hace mucho tiempo, el último en hacerlo: Marcos. Entre ellos se formaban y entrenaban, pero debían trabajar por separado. En eso consiste ser un asesino: en trabajar sólo, con sigilo y cumplir lo que te encomiendan, generalmente, asesinando a alguien. Es por eso que Fabio no se consideraba “una buena persona”, ya que había matado a sangre fría a muchas personas en su vida, había sido entrenado para ello. Había aprendido a crear una máscara fría tras la que que ocultaba sus verdaderas intenciones, pensamientos y emociones.
Empezó a subir una pequeña montaña llena de árboles, hasta que cuando llegó a la cima divisó a lo lejos unas pequeñas construcciones de madera apiñadas en el centro, dispersándose por los lados, separadas por huertas y campesinos trabajando en ellas. Un pueblo. Eso significaba que no podía estar lejos de la capital, así que se apresuró a bajar por la montaña con su rapidez innata, hasta que por fin el terreno se allanó y pudo avanzar con tranquilidad. Se coló discretamente entre el primer cúmulo de casas, por la calle principal. Mujeres y niños se quedaban mirando su vestimenta por un momento y luego volvían a sus quehaceres, Fabio supuso que pensaban que era uno de los soldados del castillo de aquellas tierras. Una muchacha rubia y con aspecto activo se atrevió a acercársele.
-Bienvenido a nuestro pueblo, caballero-le dijo, mientras avanzaba al paso del asesino-. ¿Hay nuevas noticias de la capital?
Fabio la miró un momento con extrañeza, al momento comprendió.
-Vengo del norte, me dirijo hacia la capital-dijo, algo incómodo-.
-¿Y no portáis montura?-preguntó la joven, con expresión sorprendida-.
-Escapó-mintió Fabio-.
-Oh, que terrible-dijo la muchacha-. Puedo prestarle una perteneciente a nuestra familia, si lo desea.
Fabio miró con curiosidad a la joven, tenía una mirada pícara y despierta y parecía querer interesar al asesino a toda costa, aparte de agradarle. Fabio pensó que quizá él le había gustado, y eso suponía un problema. Nadie debía reconocerle. Aun así, en caballo llegaría mucho más rápido a la capital, no podía rechazar una oferta como aquella.
-Se lo agradecería-dijo él, dejando escapar una sonrisa falsa para engatusarla-. Me sería muy útil.
La muchacha se quedó con la boca entreabierta un momento mirando su rostro, luego asintió rápida y enérgicamente mientras le indicaba a Fabio que la siguiera. Recorrieron la calle principal ante la mirada de todo curioso, así que Fabio decidió ceñirse la capucha para evitar exponer más su rostro ante los pueblerinos. Finalmente llegaron a casa de la joven, que detrás tenía una extensa huerta y caballerizas. Parecía una familia adinerada. Continuaron hacia la caballeriza, donde descansaban tres caballos fuertes y de color castaño. Ella decidió que podía llevarse el suyo, y se lo cedió rápidamente al supuesto guardia.
-Se lo haré devolver en cuanto llegue a la capital-mintió el asesino-. Le agradezco mucho su ayuda, volveremos a vernos.
Para evitar que la chica pudiera pronunciar otra palabra, él cogió su mano y se la besó con suavidad. Ella, embobada, dejó salir rápidamente al joven asesino con el caballo, que espoleó las riendas para avanzar a toda velocidad, en dirección a la punta opuesta del pueblo por la que había entrado. Pronto se alejó de allí, dejando atrás a todo aquel con dudas de que Fabio podía ser verdaderamente un guardia del castillo, y viniendo del norte cuando el día anterior había pasado una carreta hacia allá, y se suponía que debía volver la misma carreta y no una sola persona. Casi todos los pueblerinos sabían este dato, pero pocos se pararon a pensarlo tras la fugaz visita ante sus narices de uno de los mejores asesinos existentes, supuestamente encarcelado y sin posibilidades de volver a ver la luz del sol.
El mediodía dejó paso a la tarde y la tarde, a la noche. Fabio seguía cabalgando hasta que el caballo dio muestras de cansancio, así que se decidió a parar y pasar la noche al sereno. Amarró al caballo por las riendas en un árbol, tras dejarlo beber en un río cercano, y ambos se echaron a dormir a la luz de la luna que ya asomaba. Al cabo de unas horas, Fabio despertó. Su estómago rugía de hambre, aunque estaba acostumbrado a la miseria que le daban en la cárcel era algo para mantener su cuerpo con fuerzas para por lo menos poder alzar la cabeza. Ahora no tenía nada, pero al contrario que en la cárcel, podía encontrarse su propia comida y disfrutar de un verdadero manjar del que no había disfrutado en mucho tiempo, por ejemplo, carne. Se subió a un árbol con el menor ruido posible, apenas sin perturbar al caballo dormido, y trepó por sus ramas hasta la más alta que pudo llegar. Aun a lo lejos veía el pueblo que había dejado atrás horas antes, y por los alrededores varias viviendas aisladas. Buscó una cercana, quizá pudiera robar algo para comer aquella noche. Mirando hacia atrás encontró lo que buscaba: una granja. De todos los sitios en los que se podía encontrar carne, aquel era el más idóneo de todos. Sin dilación bajó del árbol de varios saltos a las ramas inferiores hasta aterrizar limpiamente en el suelo. Quitándose el gorro de la capucha, avanzó con su rapidez característica hacia la zona del paisaje donde había divisado el lugar. En poco menos de media hora estuvo allí, ante la verja que separaba la zona de pasto del exterior. La pasó colocando una mano y pasando sus pies por encima, saltando, y se aproximó al cerdo más cercano, que dormía plácidamente frente a un charco de barro. Por desgracia, sus días tranquilos iban a acabar.

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El último vestigio de la hoguera se difuminó dando lugar a un simple cerco negro de ceniza con rastros de madera quemada justo cuando amaneció. Fabio abrió los ojos lentamente y se incorporó, quedándose sentado y frotándose los ojos. Apenas le dio tiempo a reaccionar cuando el filo de un arma blanca que no pudo identificar le pasó rozando el hombro izquierdo, rasgando un poco de su túnica robada. Rodó ágilmente hacia la izquierda y se levantó desenfundando su espada y buscando a su agresor. Fabio pudo identificarlo a la tenue luz de la mañana: un chico de unos catorce años con ropa de campesino y una espada no demasiado afilada, pelo castaño y corto al igual que sus ojos. Sin decir nada, el chaval volvió a embestir con su espada al asesino, que lo esquivó apenas moviéndose un poco hacia un lado. El chico tenía expresión de frustración, incluso de odio, y le miraba con el ceño fruncido a Fabio mientras le embestía con su pobre espada una y otra vez. Fabio empezó a molestarse, y con una estocada fuerte le arrebató su espada de las manos, que cayó al suelo. El chico lo miró mientras el asesino se dignó a decir alguna palabra.
-No acostumbro a matar a niños como tú, pero podrías ser la primera excepción.
Fabio vislumbró apenas como los ojos del chico brillaban anegados de lágrimas, y desrramándolas finalmente sobre sus mejillas recuperó su espada del suelo y embistió una y otra vez, mientras el asesino seguía bloqueando con una sola mano. Al final tropezó de espaldas con una raíz de árbol, y la espada de Fabio se detuvo a peligrosa distancia de su cuello tendido en el suelo.
-No os daré mas oportunidades de hablar, niño. Que diablos quieres.
-Os vi anoche-dijo el chico, mientras se alejaba paulatinamente de la espada del asesino-. Matasteis a nuestro cerdo y os lo comisteis.
-¿Vives en esa granja?-preguntó Fabio-.
-Si. Y ese cerdo sería nuestra comida de toda la semana, señor. Nos la habéis arrebatado.
Fabio no dijo nada, notaba como un sentimiento de pena se apoderaba de él aunque hacía tiempo tenía una lucha interna con los sentimientos, no debía mostrarlos. Era de notar que el chaval y sus padres no serían demasiado adinerados, ya que en la granja tampoco habían muchos animales.
-Mis disculpas-dijo solamente el asesino-. Tenía que comer.
El chico lo miró con rabia, tentándose a si mismo a coger la espada de nuevo y a intentar hacerle daño inútilmente a aquel otro chico, poco mayor que él, pero con mirada que daba miedo. Optó por decirle algo más, para que al menos le pagara el cerdo que le había arrebatado injustamente.
-La granja es mía.
-¿Vuestra?-replicó Fabio-. Será de vuestros padres.
-Mis padres murieron enfermos hace un mes-dijo el chico mirando al suelo, mientras notaba que los ojos volvían a llenársele de lágrimas-. Ahora cuido de mi hermana menor y eso era lo único que teníamos para comer. Ella también está enferma.
El asesino retiró la espada lentamente, mientras oía el relato del chico. Le era familiar y muy nostálgico, pero volvió a descartar cualquier sentimiento para mostrarlo ante aquel joven. Envainó su espada y le tendió una mano para ayudarlo a levantar, sin saber muy bien que más hacer. El chico le miró dudoso, y finalmente agarró su mano y se levantó con rapidez, mientras imitaba al asesino cogiendo su espada y colgándosela del cinturón, mientras se secaba los ojos de lágrimas e intentaba componer una sonrisa para agradar a aquel extraño que quizá pudiera ayudarle a pesar de haberle robado el cerdo. Fabio por su parte no sonrió, apenas hizo algún movimiento.
-¿Señor?-preguntó el chico
-Llámame Fabio. Vamos a ver a tu hermana.
Ambos caminaron hacia la granja desde el pequeño campamento del asesino, dejando al caballo atado. Fabio no sabía muy bien que estaba haciendo, no estaba dentro de sus principios ayudar a nadie. Teóricamente debía estar solo, sin depender de nadie y haciendo su trabajo, mientras se buscaba la vida con lo que le pagaban. Nunca se había relacionado con nadie para algo más que sacarle información o intentar distraerlo mientras le robaba. Aún así le había robado a aquel chico que tenía aun menos que él, y estaba en una situación si cabía peor que la suya. Lo mejor era intentar hacer algo y luego marcharse de ahí cuanto antes. Por el camino el chico dijo llamarse Andrew, y siguió contando a Fabio lo que le había pasado en estas últimas semanas. Después de la muerte de sus padres había ido a pedir ayuda a la aldea, pero sus padres tenían muchas deudas de préstamos y muy pocos amigos, por eso vivían lejos y por ello no le prestaron ayuda al pobre Andrew ni siquiera por el motivo de su hermana enferma, Cora. Por ello Andrew había tenido que robar y traer la comida a su casa todos los días, pasando muchos esfuerzos. Su hermana parecía recuperarse poco a poco, pero si dejaba de comer probablemente empeoraría. Fabio escuchaba atentamente, de nuevo sin mediar palabra. Cuando el chico terminó, ya se acercaban al cercado de la granja.
-Llévame hasta ella-indicó Fabio-.
Andrew asintió y cruzaron la zona de pasto de la granja, esta vez por la puerta que abría el cercado. Seguidamente, Fabio observó, mientras avanzaban hacia la humilde casa, casi sin estremecerse un rincón del pasto, donde habían dos cruces de madera y tierra aparentemente removida. Se preguntó si el chico había cavado las tumbas él solo y había enterrado a sus propios padres allí mismo. Seguidamente recordó como él simplemente abandonaba los cadáveres de quien asesinaba, a veces tirándolos a un río y se iba del lugar del crimen, sin ningún remordimiento. Aquellos pensamientos empezaban a comerle por dentro, pero ahora debía centrarse en lo que le ocupaba y luego marcharse de allí.
-Por aquí-dijo Andrew-.
Entraron en la casa que tenía la puerta entreabierta. Apenas constaba de una pequeña cocina y unas escaleras de madera que se dirigían al piso superior. Ambos chicos subieron y Andrew se acercó a la cama de su hermana, arrodillándose para quedarse a su altura mientras ella estaba acostada y cogiéndola de la mano.
-Ya estoy aquí, Cora. ¿Cómo te encuentras?
-Muy bien, no te preocupes-dijo ella, aparentemente forzando una sonrisa-. ¿Has traído a alguien?
Él asintió y señaló hacia Fabio con la cabeza, su hermana se sentó en la cama con ayuda de Andrew, haciendo que las finas sábanas bajaran y dejaran ver su aspecto pálido, haciendo juego con el blanco de su camisón. Fabio inclinó la cabeza a modo de saludo, aun sin saber muy bien que hacer.
-¿Sois un guardia de la capital?-preguntó ella con desconcierto-.
Fabio dudó.
-No, la verdad es que no. Vagaba por estas tierras en dirección a la capital, en realidad.
-Ya veo-asintió ella-. Y robaste nuestro cerdo...
-No sabía que os fuera tan importante, mis disculpas de nuevo-interrumpió el asesino, sintiéndose más culpable tras saber que la pequeña también lo sabía-. Quiero ayudaros.
-¿Como pensáis ayudarnos?-dijo Andrew-Se lo agradeceríamos mucho, de verdad...
-Os llevaré a la capital-dijo Fabio tras pensar un momento-. Allí habrá gente que pueda cuidaros y alimentaros, y algún remedio para tu hermana.
-¿De verdad?-dijo Andrew mientras el asesino notaba que sus ojos brillaban de emoción-.
-De verdad. Estaré fuera esperando, preparad lo que os haga falta para el camino.
Fabio bajó las escaleras mientras oía el ruido de sábanas cuando Andrew fue a abrazar a su hermana con alegría. Se vio obligado a sonreír un poco mientras abría la puerta principal. No le duró mucho la alegría por la visión de ambos hermanos esperanzados, pues en la puerta le esperaban cuatro guardias del castillo, tres de ellos su antigua guardia, los otros tres carceleros que estaban la semana de la muerte de Fausto. Fabio no lo dudó, sacó su espada y se batió con el que estaba más cerca de él, que se disponía a atacarle de frente y con la espada en lo alto. Fabio detuvo la embestida y de un cambio de sentido fue a atacar su costado, pero por otro lado le atacaba otro de los guardias y tuvo que bloquear. Seguidamente, en un movimiento rápido, le cortó la mano haciendo que no pudiera sujetar el arma, acompañado de un grito de dolor. Cayó de espaldas y se quedó mirando la mano cortada. Horrorizados, sus tres compañeros retrocedieron un poco, pero siguieron atacando. Bloqueó a otro, pero sin advertir que su compañero atacaba también. Ágilmente, se agachó y la espada del segundo que atacaría se enterró involuntariamente en el costado su compañero, haciendo que empezara a sangrar y provocando que cayera al suelo, agarrándose la herida con ambas manos como si así pudiera parar la hemorragia. Los dos que quedaban intentaron retroceder, pero Fabio cogió la espada de uno de los caídos del suelo y las enterró en sus estómagos a la vez, sin darles tiempo a defenderse. Ambos cayeron al suelo de espaldas, el asesino reconoció al que más confianza tenía en la cárcel, el que hablaba en voz alta para que los encarcelados pudieran oírle. Había pagado por su atrevimiento.
-Fabio...-oyó el asesino a sus espaldas
Se giró y vio dos rostros asustados que le miraban con incomprensión. Los dos guardias que solo tenían heridas rieron y uno de ellos dijo:
-¿Qué, pensáis matarlos a ellos también? Vuestra crueldad no tiene límites...
Fabio se acercó y le dio una patada en la herida del costado, era el que había hablado. Seguidamente, y tras mirar de reojo al que se había quedado sin mano, se acercó a los dos chicos que le miraban con temor y se arrodilló ante ellos sobre una sola pierna.
-Mirad...-empezó-no soy una buena persona.
-¿Cómo que no lo sois?-dijo Andrew sin comprender-¡Ibais a ayudarnos!
-Quiero ayudaros-dijo él-. Me siento mal por lo que os he hecho. Pero al fin y al cabo, soy un asesino. Mato, robo, engaño a la gente. Es mi trabajo. Me he escapado de la cárcel.
Andrew siguió mirando con expresión de temor, pero Cora, tranquilamente, se acercó a él aun en camisón y le miró a los ojos.
-Sé que no eres una mala persona, entonces. Lo haces porque debes, ¿no es así?
Fabio no dijo nada, pero la chica asintió y le indicó a su hermano que entrara en la casa para seguir preparando las cosas. Ella misma decidió que se irían con el chico asesino fuera lo que fuera. Fabio se levantó, desconcertado en la seguridad de la niña en afirmar que él no era una mala persona después incluso de ver como hacía daño a cuatro guardias de la capital. Miró al cielo, pensó que ella en el fondo había visto su lado de sentimientos, el que él había enterrado hace mucho. Suspirando ató al guardia que quedaba vivo junto a sus compañeros y los metió en la carreta tirada por dos caballos en la que habían venido, e hizo correr a los caballos haciendo que se alejaran de allí, lo más lejos posible. Debía salvar a aquellos niños, y luego seguir con lo que tenía que hacer. Vengarse.

3 comentarios:

  1. Agggh, que rabia, se me fue mi anterior comment antes de que me diera cuenta, con lo larguico que era xD

    Resumiendo, me ha encantado el personaje de Fabio, son de los que me gustan la verdad, aunque como he dicho en el anterior comentario me va más Marcos, por lo de los ojos azules no por la calva xDDDDDDDDDD (aunque la escena del lago te doy un 10)

    También he comentado que me ha gustado el toque medieval que le has dado a tu forma de escribir, también te había dicho que me gustaría saber en que siglo más o menos está inspirada la historia ya que me interesa mucho ese tema. Al igual a que reino más o menos está ubicado =3

    Espero que continues ya que yo NUNCA pierdo ante un chantaje MUAJAJAJAJAJA

    BESOS =3

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  2. AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA

    Con este capítulo sin dudad llegue a la conclusion de que la historia de Fabio me encanta xD Al dia siguiente me puse a pensar en el insti sobre ella, asi que si has conseguido que yo piense sobre una historia, me tienes totalmente ganado.

    Tengo que decir que, a este paso, incluso podrias hacer algun que otro mapa del lugar (8)
    Por cierto, Cora tiene que tener interes en Fabio, te lo suplico por favor xD Seria genialoso.

    Esperando al siguiente cap YA DE YA TOT

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