8/11/09

Fabio's Chronicles 3

Ejem xD.



Aquí dejo otro capi por petición popular. A partir de ahora los sacaré como mínimo en una semana, y como máximo, en tres (que límite tan ajustado XD). Eso si, os pido por favor que dejéis ahi una caquita coment para animarme a seguir y mejorar, como siempre digo. Si no, esas tres semanas de maximo ya pueden convertirse en 20 xD.



¡Disfrutad el capi! (me encanta la imagen de mis niñitos *¬*)



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Fabio's Chronicles 3: La curandera de la capital.


-¿Y cómo manejáis la espada tan bien? A mi me enseñaba mi padre para aprender a defenderme...-dijo Andrew, observando su vieja espada con cara de pena-.
-A mi también me enseñaron-comentó Fabio-. Es fácil si practicas con empeño y durante mucho tiempo. Seguro que mejorarás, comprobé tu potencial.
Andrew asintió con entusiasmo. Iban camino al caballo “prestado” de Fabio, éste esperaba que no se hubiera escapado. Cora estaba subida a la espalda del asesino, agarrándose con seguridad a su cuello, y el hermano mayor caminaba junto a Fabio, con la mano en la empuñadura de la espada mientras hablaban. Habían cerrado la granja y en una pequeña mochila de piel llevaban algo de comida y unas cuantas mudas de ropa, las suficientes, según opinó el joven asesino, para cambiarse hasta llegar a la capital. Tras la media hora de camino correspondieron, accedieron al abandonado campamento nocturno de Fabio. El caballo seguía atado, en aquel árbol y con aspecto cabreado por seguir retenido allí, por lo que el chico lo acercó a un arroyo para que bebiera un poco tras liberarlo. Luego, subió a la pequeña Cora y la colocó frente a él mientras cogía las riendas, y Andrew se agarraba por la cintura a la espalda de Fabio. Dispuestos, marcharon hacia la capital.
-¿Y crees que podría ser tan bueno como tú?-preguntó el chico mientras seguían avanzando a lomos del caballo-.
-Sólo espero... que no utilices armas para lo mismo que yo. Tu padre era noble, enseñarte a defenderte es lo mejor que pudo hacer. Enseñar a matar con armas es el peor uso que se le puede dar.
Andrew volvió a asentir sintiendo que un escalofrío le recorría la espalda. Había visto a aquel chico matar delante de sus propios ojos, pero se había decidido a dejar que los ayudara por el convencimiento de su hermana enferma. Es más, él confiaba en ese chico (no le había matado cuando tuvo oportunidad, aun con la intención de Andrew de hacerle daño por el robo del cerdo), pero había algo en su presencia que no le reconfortaba. Quizá la extraña sensación de frío que se sentía cuando él estaba presente, ver como no expresaba ninguna emoción y que aun así hubiera decidido ayudar a dos niños. Su comportamiento era cuestionable, pero noble en algún sentido, sin duda. Aun así, él había afirmado que no era una buena persona, posiblemente tuviera que seguir matando, clasificándose a sí mismo como asesino fugitivo, y las razones eran ajenas a Andrew y Cora. Era motivo de desconfianza, pero aun así... Sin duda, Fabio era un chico misterioso.
-¿Cuánto tardaremos en llegar?-preguntó Cora, alzando la cabeza para mirar el rostro de Fabio-.
-Estaremos allí al anochecer de mañana, si este animal no se cansa demasiado.
-Deberías ponerle un nombre-dijo Cora, intentando sonreír para contagiar a Fabio, pero él no sonrió delante de ella, como era habitual-.
-Ponedle el que queráis-dijo Fabio distraidamente, apartando la mirada de la vista de la niña mientras espoleaba al caballo-.
-Vida-dijo solamente ella, volviendo la vista al frente-.
-¿Vida?-preguntó el asesino con extrañeza-.
-Si. Es algo bonito, ¿verdad? La vida.
Fabio calló y fijó la vista al frente. Aquella niña parecía querer ponerle a prueba o algo parecido, pero las intenciones de la pequeña no podían ser tan aviesas. Era una niña extraña, eso sí. Alguien especial, quizá más que su humilde hermano.
-¡Vamos, Vida!-dijo entonces Andrew-¡Llévanos rápido a la capital!
Fabio retiró la capucha de su cabeza para poder ver mejor a lo lejos y siguió espoleando a Vida. Pensándolo bien, aquel caballo ya debía tener nombre. Ponerle uno nuevo no estaba mal, pero al final aquel pobre caballo debía vagar para encontrar su hogar, pues Fabio no pensaba devolverlo a ningún lugar. Las ganas del asesino de ver a aquella joven dama de nuevo eran pocas, realmente. Y el joven tenía más cosas que hacer, entre ellas llegar a la capital cuanto antes y hacer un trabajo que tenía mucho tiempo pendiente, y que debía llevarlo hacia el castillo de la capital.

~~

-¡Mira, Cora!-exclamó Andrew, emocionado-¡Ahí esta la capital!
Cora asintió con alegría y miró a Fabio, que seguía sin mostrar expresión alguna, para su decepción, quizá un atisbo de odio que podía reflejarse en su frío rostro. La capital, por su parte, era una construcción majestuosa formada por una gran muralla de piedra que rodeaba un cúmulo de altas edificaciones de piedra, lo más lejos que se podía ver era un gran castillo gris e imponente, alzado sobre una elevación del terreno aun por dentro de la muralla, aumentando así su carácter defensivo. Alrededor, casas de campesinos y vastas huertas que se extendían por el terreno, casi hasta llegar a su posición en la lejanía.
-Bajaremos de Vida aquí-dijo él-.
-¿Por qué?-preguntó Andrew con interés y un deje de pena-.
-No hay necesidad alguna de llegar a la ciudad entrando en caballo, llamaríamos demasiado la atención. Entraremos por una entrada lateral.
Fabio desmontó del caballo y le indicó a Cora que se subiera a su espalda, mientras ayudaba a Andrew a bajar. El asesino se empezaba a sentir un poco niñera, pero al fin y al cabo en poco tiempo podría dejarlos a salvo. El día anterior había transcurrido con los hermanos charlando y Fabio escuchando sin decir nada, finalmente al anochecer habían acampado y comido sus reservas, y al día siguiente, con su nuevo cambio de ropa, habían continuado avanzando hasta el mediodía, que por fin habían divisado la capital de las tierras. Finalmente, Fabio dejó marchar al caballo, que fue camino atrás con paso rápido, aliviado de ser libre por fin.
-Adiós, Vida-dijeron los dos hermanos al unísono
-Curiosa frase la vuestra-se limitó a comentar Fabio mientras retomaba el camino a pie, con Andrew caminando a su lado y Cora a su espalda.
El camino era relativamente largo, pero pudieron atajar con facilidad. Pasaron entre campesinos que trabajaban y apenas se fijaban en ellos, excepto alguno que advertía el tipo de ropa de Fabio. Éste maldijo por lo bajo y volvió a ceñirse la condenada capucha tan característica de los guardias del lugar. Tenía que buscarse otra ropa dentro de la capital. Pronto estuvieron a pocos metros de la entrada principal, pero rodearon la muralla exterior en busca de la entrada Este. Entre el terreno abierto y la muralla de la ciudad había un pequeño foso, por lo que tuvieron que pasar por un pequeño puente levadizo de madera para poder entrar en la ciudad. Fabio suspiró aliviado, no habían guardias cuidando la entrada. Pero había sido demasiado ingenuo, estaban un poco más adelante, al lado de el acceso al mercado de la ciudadela. El asesino fue con Cora a la espalda y se escabulló sigilosamente en el sentido contrario, pero los dos guardias levantaron al vista y se fijaron en él.
-¡Eh!-gritó uno de ellos, con motivo de que se detuvieran-.
-¡Corre, Andrew!-dijo entonces Fabio, preparado para salir disparado con Cora a cuestas-. Huye y ponte a salvo, luego pregunta por una curandera de nombre Asaya. ¡Rápido!
Andrew asintió nervioso y se escapó por otro desvío, que se dirigía al centro de la ciudadela. Uno de los guardias fue tras él, pero Andrew resultó ser lo suficientemente rápido para escabullirse. El otro corrió rápidamente blandiendo su espada hacia Fabio y Cora, pero el asesino se agachó y le propinó una patada ágil en el estómago, haciendo que retrocediera y tener tiempo para escapar. Trepó hacia el tejado de una casa asegurando a Cora a su espalda, y saltó de techo en techo huyendo del guardia lo más lejos posible. Cora temblaba atemorizada.
-¿Qué pasará con mi hermano, Fabio?-preguntó-.
-Si hace lo que le he dicho, mal no le va a ir-respondió-. No te preocupes, Asaya sabrá que hacer para protegerle.
-¿Quién es esa Asaya?-preguntó Cora
-Es una curandera de la ciudad-respondió Fabio, simplemente-.
Cora asintió preocupada por su hermano y se aferró al cuello de el asesino lo más fuerte que pudo, mientras él demostraba una agilidad impresionante para pasar de un tejado a otro, incluso con varios metros separando y con el peso extra de la niña. Finalmente se dejó caer en una calle bulliciosa: el mercado de la ciudadela. Pudieron pasar más desapercibidos por allí, caminando sigilosamente entre mercaderes y habitantes, pero al contrario que Andrew, Fabio sabía a donde tenía que ir.

~~

-¡Espera ahí, muchacho!-gritó el guardia, que perseguía jadeando a su pequeño intruso-¡Solo quiero saber quién eres y con quién habéis venido!
Andrew estaba corriendo sin rumbo, también jadeando tras el camino recorrido, pero se detuvo ingenuamente al oír las palabras del guardia. Seguidamente, se arrepintió de haberlo hecho.
-¡Ajá! Te pillé-dijo el guardia mientras lo agarraba por el hombro, impidiéndole escapar-.
-¡Suélteme!
-No, pequeño-negó el guardia, girándolo hacia él para mirarle a la cara-. Ahora me vas a decir todo lo que sabes, y quién era ese con el que habéis llegado.
Andrew se quedó pensativo, mirando fijamente al guardia. De pronto, se le ocurrió algo con lo que salvarse el cuello.
-Era un guardia, como vos-respondió el muchacho-. Nuestra casa se incendió y fue a traernos a salvo a la capital.
-¿Pretendas que me crea eso?-dijo el guardia-. Si que llevaba nuestros ropajes, pero entonces, ¿por qué huyó de nosotros, sus compañeros? ¡Responde!
-Tenía prisa por encontrar... eso-dijo Andrew señalando a detrás del guardia, concretamente a una caja de madera-.
-El qu... ¡eh!
Tras el ridículo despiste del guardia, Andrew logró zafarse y meterse rápidamente por una oscura calle secundaria, que le dio acceso a la plaza del mercado. Se vio perdido ante tal cúmulo de gente, acostumbrado a el grupo reducido de los pueblerinos. Suspiró y se acercó a un mercader para preguntarle por la tal Asaya.
-Caballero, perdone-dijo Andrew alzando la mano para llamar su atención-¿Me podría decir donde se aloja Asaya la curandera?
-¿Asaya?-preguntó él, con cierta cara de desconcierto-. Os puedo decir donde vive, pero no os atenderá.
-¿Por qué razón?-preguntó el chico con desconcierto-.
-Hace tiempo que no atiende a nadie, no me preguntes por qué. Pero vive en el primer desvío al frente que veas por esta calle, luego recto y al final de una callejuela oscura. Reconocerás la casa porque tiene un pequeño árbol seco en frente.
-Muchas gracias.
Andrew se despidió del amable mercader y tomó el desvío que le dijo, avanzando luego recto por él. Al final, con aspecto oscuro y abandonado, una fachada triste con el mencionado árbol seco y sin hojas plantado enfrente. Andrew avanzó lentamente y rozó con la punta de los dedos aquel árbol tan peculiar, y seguidamente se giró y tocó dos veces la puerta con los nudillos. Le abrió una chica joven, con ojeras y una expresión de cierto enfado en su rostro, que en cierto modo desentonaba un poco en sus facciones. Tenía el pelo castaño, muy largo y semi rizado, ondulado por las puntas, que le caía sobre los hombros hasta su pecho. Curiosamente, las puntas terminaban en un color negro, a pesar de ser castaña. También llevaba un traje oscuro algo extraño, muy suelto y de una tela que desprendía una luz especial ante la incidencia de los rayos solares.
-¿Qué quieres?-preguntó ella con rudeza-.
-¿Sois Asaya?-preguntó Andrew-.
-Si, pero ya no atiendo a nadie. Así que vete-dijo ella, dispuesta a cerrar la puerta-.
-Pero... ¡alguien me dijo que viniera aquí, con vos! ¡No podéis dejarme!-contestó Andrew con desesperación-.
-¿Quién os envía?-preguntó ella, a pocos centímetros de terminar de cerrar la puerta-.
-Un chico llamado Fabio, mi señora-dijo Andrew, haciendo gala de modales para que no le dejara desamparado-.
-¿Fabio?-dijo ella, abriendo la puerta y abriendo los ojos, sorprendida-. Deja de bromear, chico.
-Os lo digo en serio-dijo Andrew-. Mi hermana está enferma y nos trajo a la ciudad a ella y a mi, con motivo de que alguien nos pudiera cuidar.
-Entonces no hablamos de la misma persona-dijo Asaya, haciendo amago de querer volver a cerrar la puerta-. Pero... ¿Cómo es?
-Es...-pensó Andrew, visualizando al asesino-un chico bastante joven. Tiene el pelo corto y moreno, al igual que sus ojos, que cuando los miras te viene una sensación de frío inexplicable, y...
Asaya solo extendió la mano hacia delante como indicándole que parara, mientras miraba el cielo con tristeza. Después, le indicó que pasara dentro. Andrew obedeció. El interior era tan oscuro como lo indicaba su fachada, la estancia estaba iluminada solo por un par de velas que se encontraban encima de algunas repisas. La casa tenía pocos muebles, y al final de un pasillo se veía una puerta con algo de luz que se filtraba por sus rendijas. La chica caminó por el pasillo y salió, fuera había un patio con un pequeño banco y una fuente, verde césped y un árbol, al contrario que el de la entrada, lleno de hojas y vida. Al final había una puerta de madera en forma arqueada, el chico supuso que daba a la calle contraria. La casa era extraña, como si el lado más oscuro y muerto estuviera por un lado y el lleno de vida por el otro. Asaya le indicó a Andrew que se sentara a su lado en el banco, y eso hizo.
-Dices que él te ha enviado aquí...-dijo ella, pensativa mientras seguía mirando al cielo-. ¿Habéis tenido problemas para llegar?
-Así es. Estoy preocupado por mi hermana, porque...
Asaya le tomó de la mano y le sonrió, haciendo que su rostro se viera tan joven como lo era en realidad. Debía ser de la edad de Fabio, aproximadamente.
-Descuida, pequeño.
Andrew no entendió por qué intentaba tranquilizarle, pero cayó en la cuenta cuando se oyeron tres golpes en la puerta trasera. Asaya se levantó con un movimiento elegante, y abrió haciendo bastante fuerza la puerta de madera por el pomo, que parecía no haber sido usado hace mucho tiempo. Andrew se situó junto a ella, y observó con alivio como Fabio, que en ese momento se retiraba su capucha de la cabeza, traía a su hermana sana y salva. El asesino se la descargó de los hombros, y dejó que fuera a abrazarse con su hermano. Los miró por un momento, con expresión relajada, y luego clavó la vista en los ojos de la joven Asaya. Por primera vez, y bajo la atenta mirada de los hermanos, Fabio expresaba alguna emoción en su frío rostro, una mezcla entre asombro, felicidad y añoranza, que como Andrew había notado en Asaya, le hacía parecer más joven y normal que nunca. Ambos jóvenes se miraron por un largo rato, pero entonces Fabio se giró recuperando su expresión original y se dispuso a volver por donde había llegado. A Asaya se le llenaron los ojos de lágrimas, y fue a agarrarle de la capa por la parte del brazo.
-Fabio, no... sabes que no es necesario. Está bien así, lo está desde hace mucho tiempo.
-No, Asaya. Es necesario y lo haré, y entonces todo estará bien. Cuida de ellos.
La joven intentó volver a detenerle, pero él se zafó ágilmente y desapareció trepando por un edificio y moviéndose rápidamente por las azoteas. Debía llegar al castillo cuanto antes, y todo estaría un paso más cerca de terminar por fin. A la joven Asaya se le escaparon dos lágrimas, una por cada ojo, que resbalaron mejillas abajo. Andrew se acercó, preocupado.
-¿Estáis bien?-preguntó-.
-Si... no te preocupes-respondió ella-.
-... ¿volverá?-preguntó él, mirando con tristeza el lugar por el que Fabio se había marchado-.
-Eso es lo que quiero pensar cada vez que se va.
Andrew asintió con preocupación y luego volvió con su hermana, Asaya le siguió y cerró la puerta desde dentro, pasando la mano lentamente por su superficie de madera como si de una caricia se tratase. Aquella puerta significaba mucho para ella, y consideraba que por ella solo podían pasar las personas verdaderamente importantes en su vida. Ahora acababan de pasar aquellos dos niños a los que tenía que cuidar, y lo haría, porque no era su estilo abandonar a nadie, y en el fondo porque era una especie de petición de Fabio, y ella no podía ignorar tal cosa.
-Y bien...-dijo ella, sentándose en el banco e intentando componer una sonrisa-¿Cómo os llamáis?
-Yo soy Andrew-dijo el chico, con mirada alegre-.
-Yo Cora-respondió la niña, sonriendo a su nueva cuidadora también-.
Asaya también les sonrió, pero notó en la pequeña algo extraño.
-Dime Cora, ¿te encuentras del todo bien?
-La verdad... es que está enferma-respondió Andrew por ella-. Mis padres murieron enfermos también...
La niña se agarró al brazo de su hermano con tristeza. Asaya le acarició la cabeza.
-No te preocupes, no hay nada que mis remedios no puedan curar. Te pondrás mejor.
Cora levantó la cabeza, de nuevo feliz por tener un nuevo hogar y esperanzas de curarse. Miró a su hermano, que también brillaba de felicidad. El futuro de aquellas tres personas se antojaba muy bueno, pero el de Fabio, irremediablemente hilado al de ellos, no era tan esperanzador.

3 comentarios:

  1. Vida es como Antares para mí xD

    Ais, creo que ya tengo personaje favorito, pero lo dejaré en la intriga (jujujuju) que decirte, que me ha gustado mucho este capi también, pero que tampoco me gustaría que dejases atrás Expedientes >_>

    besosss

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  2. Jojojo.. Yo le habria puesto Vida en otro idioma, nunca pense que llegases a llamar al caballo asi xD

    ¿Sabes? Asaya me recuerda a la Angela de Eragon, no se por que xD Aunque esta mucho mas cuerda y parece que tiene una extraña relacion con Fabio. A ver si descubres mas de ella ¬¬

    Esperaaaando ~

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  3. No sé que se debe comentar exactamente sobre una historia/fic (lo que sea :D). Quizás la forma de escribirlo, lo que pasa, cómo avanza la trama, la introducción de nuevos personajes?

    Pues todo bien. Esperemos a ver que relación tienen (o tenían) Fabio y Asaya, y si Fabio es lo que es ahora, por ella. Quizás sean hermanos :D.

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Que buen@ eres, ¿vas a dejar un comentario? :_3