26/12/09

Fabio's Chronicles 5

Mi regalo particular de navidad, atrasado, ya lo sé xD. Me gusta este capitulo, no hay tanta acción pero es uno en los que decidí revelar parte de la historia para ir desentramando el pasado del asesino, en el que Asaya tiene un papel más importante del que parecía.

Y comentad, pirtaplis, es lo único que pido xD.

¡Saludetes, espero que os guste!
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Asaya no dijo nada por un momento, preocupada por las heridas del joven, y luego entró en la casa, pero volvió enseguida con una pequeña caja de madera decorada que contenía diversos botes con sustancias. Fabio la miraba atentamente, mientras ella sentía que se ponía más nerviosa. Sin embargo, supo mantener la calma mientras hacía su trabajo. Antes de que ella dijera nada, Fabio decidió preguntarle algo.
-¿Y Andrew y Cora?
-Dentro, dormidos-dijo ella-. Estaban muy cansados por el viaje.
-Entiendo-susurró él-.
Ella le indicó algo avergonzada que se quitara la capucha y la camisa que llevaba, quedándose con el torso desnudo. Asaya pudo notar que el joven aun se mantenía en forma, pero centró su atención a la terrible herida que le recorría la piel, maldiciéndose por fijarse en esas cosas en aquella situación. La herida no era muy profunda, pero si bastante ancha y sangrante. Ella se la limpió con un paño húmedo y luego, no sin antes dudar un instante, untó un ungüento de aspecto verdoso por toda la herida, suave y paulatinamente. Fabio cerró los ojos un momento, intranquilo. Una vez terminó, guardó el frasco en la caja y se sentó junto a Fabio, mirando hacia el cielo.
-No te muevas demasiado, para que pueda hacer efecto-le indicó-. Tendrás que reposar un poco...
-De acuerdo-dijo él, fijando la vista en el árbol del patio-.
-Entonces...-empezó Asaya-. ¿Le derrotaste?
-Sí-respondió él-.
-¿Y por eso debemos irnos?-preguntó ella-.
Fabio siguió mirando al árbol, pensativo.
-No, no necesariamente. Me iría yo solo, pero ya sabes a donde me dirigiré ahora que no me queda nada que hacer en estas tierras, por el momento. Este reino, ahora sin rey ni herederos, perderá su control. Ya no será un lugar seguro, la guardia no trabajará para nadie y se producirán multitud de saqueos y crímenes. No puedo dejaros aquí, aunque tampoco es de mi agrado llevaros conmigo.
-Entonces, ¿qué haremos?-dijo ella en un deje de preocupación, asombrada también por la preocupación latente por Asaya y los niños que mostraba el asesino-.
-No lo sé. Sabes que Ecuador sigue en guerra, no iré allí, tampoco es necesario. Iré a...
-Las Tierras del Este-completó Asaya-. Supongo.
-Sí, así es-dijo Fabio, pasándose una mano por el pelo, alborotándolo ligeramente-. Podréis estableceros allí y... bueno, quizá algún día puedas volver. A no ser que quieras quedarte aqu...
-Ni lo insinúes siquiera-suspiró ella-. He pasado mucho tiempo sin ti... y... no pienso alejarme.
Fabio la miró, su rostro volvió a reblandecerse como cuando la volvió a ver después de su encarcelamiento, unas horas atrás. Dejó escapar una ligera sonrisa al ver que se sonrojaba, y se acercó a ella lentamente, realmente tenía muchas ganas de besarla de nuevo y olvidar por un momento que era un asesino y que tenía demasiados crímenes a sus espaldas, demasiados como para vivir tranquilo y sin preocupaciones con la chica a la que amaba. Ya hacía mucho tiempo que lo había descartado, y eso probaba mucho sufrimiento en Asaya, que a pesar de todo le comprendía y apoyaba, porque era una de las pocas personas que conocía su historia, su pasado, y los motivos de sus actos. La joven, sin embargo, intentaba hacerle olvidar, pero era difícil cambiar a Fabio. Es por eso que ella lo quería tal y como era, lo mismo podía decir el misterioso chico. Entonces, a unos centímetros del beso, una voz activa surgió de la puerta al patio trasero.
-¡Fabi... o...-terminó Andrew, observando con atención la herida de Fabio y la sustancia extendida sobre ella, posteriormente su torso desnudo y por último su proximidad a la joven Asaya. Ambos se incorporaron rápidamente, avergonzados.
-¡A-Andrew!-dijo Asaya rápidamente-. Le estaba curando las heridas a Fabio...
-¿Quién fue, Fabio? ¡Yo mismo le haré pagar!-exclamó Andrew, entre emocionado y nervioso-.
-Tranquilo, poco podrás cobrar de alguien que ya no tiene ni existencia. Es mejor así, créeme-añadió rápidamente ante la mirada inquieta del chico-.
Él asintió lentamente y se fijó en un pájaro que se vino a posar al árbol del patio. Los tres lo observaron un momento, y luego desviaron la vista hacia la puerta. Cora también había despertado.
-Cora, debes descansar-dijo Asaya, preocupada-.
Ella asintió un momento, sonriendo un poco. Miró a Fabio y su herida, y se acercó a mirarla de cerca. Luego le miró a los ojos.
-¿Te duele?
-Ahora ya no tanto-dijo el asesino tranquilamente-.
Ella volvió a asentir, buscando sitio entre los brazos de su hermano, que aun parecía nervioso. Finalmente, se decidió a hablar.
-Fabio... ¿no vamos a quedarnos mucho tiempo aquí, verdad?
-No-respondió él tras pensarlo un poco-.
-Dijiste que aquí estaríamos bien... ¿debemos seguir viajando?
Fabio suspiró y miró a Asaya, que lo miraba con comprensión. El joven se había convertido en una especie de hermano mayor para aquellos niños, y era algo que no iba con su personalidad solitaria. No le gustaba tener que llevarlos a cuestas, poniéndolos en peligro dado su trabajo, y mucho menos sentirse responsable de protegerlos, cuando apenas se podía proteger a sí mismo. Él no valía como hermano mayor, y mucho menos como padre. No era la persona adecuada. Y sin embargo, ahora los tenía a ellos, y sabía que no podía abandonarlos a la primera de cambio, como tal vez pensó que podría hacer una vez llegaran a la ciudad. Un vínculo se había establecido entre ellos tres y Asaya, y una separación, a pesar del poco tiempo juntos, ya suponía un duro golpe para los niños considerando que acababan de perder a sus padres. El asesino había prometido ponerlos a salvo en aquella ciudad, y ahora no podría completar su promesa.
-Verás, Andrew-dijo Fabio, fijando sus fríos ojos en los del chico-. Esta ciudad no es tan segura como lo era antes de... de yo llegar aquí. Ya te lo dije una vez, soy un asesino y nada puedo hacer ya para remediarlo, solo seguir siéndolo hasta que acabe mi verdadero propósito. Fui un tonto al prometeros una situación mejor aquí, pues ahora ya no habrá mejores situaciones para nadie en estas tierras, y admito que es por mi culpa.
-No te culpes-dijo Asaya-.
-¿Que no me culpe?-suspiró Fabio-. El rey no se ha muerto solo, lo he matado yo. Eso solo ha desequilibrado la estabilidad de estas tierras, y sin administración ya no hay nada que hacer. Todo estará mal allá donde yo vaya, porque realmente nadie puede comprender mi propósito y mucho menos ayudarme a conseguirlo. Soy yo contra el mundo, y entiendo que no puedas comprenderlo, Andrew. El caso es que conmigo nunca estaréis seguros, y es por eso que no me quedan alternativas, solo vuestras decisiones. Podría abandonaros, simplemente, pero...
Fabio paró súbitamente. Se estaba dando cuenta de que la preocupación por Asaya y los niños iba en creciente, cuando anteriormente solo tenía que preocuparse por Asaya. Se acumulan los remordimientos, las responsabilidades y se empieza a perder la libertad. Si aquello seguía por ese rumbo tendría que desviarse de su propósito, y su vida empezaría a carecer de sentido. La vida de Fabio se regía por un solo objetivo, y si no se finalizaba, el joven nunca podría ser una persona normal. Las nuevas relaciones emocionales solo entorpecían su camino, pero no podía evitar seguir siendo una persona con sentimientos, por mucho que intentara ocultarlos y sobreponer su imagen fría y distante, evitando cualquier contacto emocional para no complicarse.
-Yo...-empezó Andrew, tímidamente-Tengo la sensación de que sólo contigo estaremos seguros de verdad. Porque si como dices, el resto de lugares son inseguros... ¿no estaremos mejor contigo, que nos proteges?
Cora asintió, apoyando la opinión de su hermano, y ambos miraron al asesino en busca de una respuesta en sus fríos ojos. Asaya tomó de la mano a Fabio y la estrechó contra la suya, ofreciéndole su apoyo. La chica sabía que esto no estaba en los planes del asesino, pero realmente le encantaba que en el frío Fabio de estos años atrás comenzara a despertarse su mitad cálida, aquella llena de sentimientos y emociones, la que ocultaba para ser un verdadero asesino, intimidar y asesinar sin remordimientos. Asaya sabía que esa faceta tardaría mucho en vencer a la otra, pero en cuanto lo hiciera todo estaría bien, y ella siempre lo había esperado pacientemente, con esperanza.
-Está bien-dijo él, finalmente, mientras se levantó del banco y soltó lentamente la mano de Asaya-. Vendréis conmigo, lo habéis decidido, a pesar de que ya os he advertido de que será peligroso.
Se quejó imperceptiblemente de la herida, que le escocía ahora que se había levantado. Asaya lo obligó a sentarse, y le indicó que esperara mientras iba a por vendas que pudieran cubrir su herida. Mientras, se llevó a Cora para administrarle el tratamiento que llevaba su enfermedad, creado especialmente por Asaya para la niña. Andrew se quedó junto a Fabio, ocupando el lugar de Asaya en el banco. Ambos miraron al cielo, ya oscurecía.
-Que bonito cielo el de hoy-comentó Andrew-.
-Si-contestó Fabio-.
-Oye, Fabio. Tu... ¿me enseñarías a manejar la espada?
-Ya sabes manejarla-replicó el asesino-.
-Ya lo sé-dijo el chico-. Pero digo mejorar, aprender a ser tan bueno como tú.
-Solo necesitas practicar-dijo Fabio-. Si es necesario, te enseñaré algunos movimientos y tendrás que practicarlos tú. Pero no te daré clases, si quieres aprender, tendrás que luchar conmigo.
Andrew tragó saliva e hizo un asentimiento rápido con la cabeza. Fabio lo advirtió y sintió la tentación de reír, pero lo escondió detrás de una simple sonrisa que iluminó su rostro a la luz de la luna. Solo unos segundos después, su semblante volvía a ser tan duro y frío como siempre.
~~
Asaya había salido a buscar algo de leña para la hoguera y había traído información del exterior. Fabio ocupaba sitio con ella en un sofá justo al lado de la chimenea, dentro de la oscura casa, ahora iluminada por los resplandores amarillentos del fuego. Andrew estaba sentado junto al fuego, en el suelo, mientras jugueteaba con su espada. Cora, por su parte, dormía plácidamente en uno de los dormitorios. Anteriormente, Asaya había terminado de administrar el tratamiento a Cora y había vendado la herida de Fabio con vendas blancas y resistentes, que ahora destacaban sobre el torso aun desnudo del chico. Asaya se había cambiado de ropas y se había puesto un largo camisón de tela muy suave, y le había dado a también a Andrew ropas a modo de pijama. Su pelo castaño estaba atado a la espalda, excepto dos gruesos mechones que caían a ambos lados de su cara.
-Ya se corre por las calles la noticia de que el rey Adelbert ha muerto-dijo ella-. La mayoría de comerciantes se han marchado, y los ladrones ya hacen de las suyas. Los guardias no parecen hacer su trabajo, pues en ciertos puntos de la calle comercial todo es un verdadero descontrol.
-No tardará en llegar a estas callejuelas más alejadas-comentó Fabio-. Tendremos que irnos pronto.
Ella asintió, y Andrew levantó la vista hacia los dos jóvenes. No iba a decir nada, pues ya había decidido que las decisiones de Fabio eran ahora sus decisiones, pero le interesaba el tema.
-No habrá que llevar demasiado, pero mejor estar preparados por si tenemos que partir de inmediato-añadió Fabio-. Así que desde mañana estaría bien que todo estuviera listo.
-Está bien-murmuró ella-.
Los tres se quedaron mirando el crepitar de la hoguera, cada uno sumido en sus propios pensamientos. Poco después Andrew afirmó que estaría dispuesto, y que por hoy iba a descansar. Asaya asintió con una sonrisa, y pronto ambos jóvenes se quedaron solos en la sala. Fabio no se movía y mantenía la vista al frente, cuidadoso para que su herida se curara lo antes posible, y Asaya, dubitativa, apoyó la cabeza en el hombro de Fabio poco después de que Andrew se estableciera en la habitación de su hermana. Así, ella también se quedó dormida.
Fabio respiró tranquilamente, y una vez que notó que su compañera se hubo dormido apoyó a su vez su cabeza en la de ella, aun mientras la de Asaya seguía descansando en su hombro. Cerró los ojos, aunque él sabía que no podría dormir. Muchas cosas le atormentaban en aquel momento, y le acosaba una sensación de intranquilidad aquella noche. A pesar de estar todo maravillosamente estable, no muy lejos de allí el resto de la ciudad se enteraba de que se habían quedado sin gobernante. El revuelo sería inmenso, el asesino no lo temió cuando prometió a Andrew y Cora que allí estarían a salvo, había sido un tonto por no tenerlo en cuenta. Tampoco era su plan dejarlos con Asaya, pero dadas las circunstancias su instinto le dijo que era lo mejor. Y ahora que ni siquiera Asaya podía ponerlos a salvo por sí misma, él debía encargarse de todos en conjunto bajo la amenaza de unas tierras aparentemente tranquilas, pero que estaban en guerra hacía ya mucho tiempo. ¿Qué hacer, entonces? Pocas cosas le quedaban más que buscar terminar sus propósitos con la dificultad añadida de cuidar de otras personas aparte de sí mismo. Suspiró, todo se había complicado demasiado, todo desde que lo atraparon y lo encarcelaron en Carcer Carnifex.
Horas después, cuando estuvo a punto de rendirse al sueño, oyó un ruido en la parte delantera de la casa, que le hizo abrir los ojos. La hoguera había perdido altura, y pronto solo quedarían las brasas. Sin que se diera cuenta, Asaya había resbalado hasta sus piernas, y reposaba acostada en el sofá con la cabeza en ellas, durmiendo plácidamente. Fabio le acarició el pelo con cariño, pero se puso alerta cuando volvió a oír un ruido extraño. Cogiendo la cabeza de la chica por la parte posterior, se levantó y la dejó reposar sola encima del sofá. Se acercó a la puerta delantera, notando como la herida le escocía un poco, y observó el posible agente causante de los ruidos. No vio nada a simple vista, pero entrecerrando los ojos, logró ver una figura encapuchada con una especie de bolsa entre sus manos y la cara tapada. Un ladrón. El desconocido se abalanzó sobre Fabio con un cuchillo en la mano, y Fabio solo pudo rechazarlo con una patada que le hizo chocar contra una mesa y derribarla. Asaya y Andrew se despertaron, sobresaltados, y pronto el joven vino en ayuda de Fabio, blandiendo su espada. Fabio se maldijo por no llevar sus cuchillas, que había dejado cuando se había quitado la parte superior de su ropa. Intentaba buscar una solución rápida, pero la herida le dolía y no podía pensar con claridad. El ladrón atacaba de nuevo, esta vez a Andrew.
-¡No!-exclamó Asaya-.
Para sorpresa de Fabio, Andrew bloqueó su cuchillo, arremetiendo contra él con su espada y tirándoselo al suelo, soltándolo el ladrón ante el peligro que el pequeño pudiera arrebatarle la mano. El asesino reconoció ese movimiento, él mismo lo había hecho cuando los guardias acudieron a la granja de los hermanos a detenerle, en consecuencia el guardia se había quedado sin su mano y no había podido atacar. Fabio no se quedó a pensar si el chico lo había hecho con esa intención, y aprovechó para sacar la daga que recordó que tenía en su zapato, acercándose al ladrón y enterrándosela en el corazón. El ladrón, con sus últimas fuerzas antes de ser asesinado, empujó al joven hacia detrás, apretándole la herida, haciendo que gritara levemente de dolor, cayera de espaldas al suelo y se golpeara la cabeza, a la vez que el ladrón se desplomaba, muerto.
-¡Fabio!-gritaron Asaya y Andrew al unísono-.
Se acercaron a él rápidamente, que había quedado boca arriba con los ojos cerrados, tendido en el pasillo. Andrew se asustó, pero Asaya se acercó a su pecho y afirmó que no le había pasado nada, sólo que estaba muy débil por su herida y aun no estaba recuperado del todo, aparte, había recibido un duro golpe en la cabeza al caer al suelo que lo había dejado inconsciente. Lo arrastraron a duras penas hacia la sala principal y lo tendieron en el sofá, sentándose en el suelo a su lado. Pocos minutos después, abrió los ojos.
-¿Estáis bien?-preguntó él-.
-Nosotros sí-contestó Asaya-. Pero tú no demasiado.
Él no dijo nada e intentó incorporarse, pero Asaya lo detuvo. Él la miró, luego a Andrew. Andrew.
-Has sido demasiado temerario-le dijo Fabio-. Podría haberte matado.
-Si... si no hubiera ido quizá hubieras muerto tú-se excusó él-.
-Lo sé. Pudo darse el caso, pero aún así no deseo que te arriesgues por mí.
-Pero estabas herido, y...
-Te lo agradezco, Andrew-dijo él apartando la mirada, colocándose recto con la mirada hacia el techo-. A cambio puedo enseñarte más técnicas de espada en nuestros futuros entrenamientos. Pero antes, dime algo.
-¿Qué?
-¿Tenías intención de rebanarle la mano a ese ladrón?
-No... no lo sé-contestó el chico, sinceramente-. Solo quería que no nos hiciera daño...
-A cambio de hacerle daño a él-replicó Fabio-.
-¡No eres el más indicado para decirlo!-dijo Andrew levantándose, con expresión enfadada-. ¡No soy yo el que ha acabado con su vida!
Fabio sonrió.
-¿Recuerdas que te dije que usar las armas para lo mismo que yo era el peor uso que se les podía dar? Sé que no lo entiendes, pero yo tengo una razón...
-Claro, no lo entiendo-interrumpió Andrew, aun algo enfadado-. ¿Y por qué no me lo explicas? Si tú tienes una injusticia en tu vida que te permite asesinar a personas, ¿por qué yo no, cuando mis padres han muerto, nadie me quiso prestar su ayuda, mi hermana está enferma y mi vida no es justa?
Asaya miraba atentamente a ambos, con expectación. Ella sabía de sobra las razones de Fabio, conocía su historia y había permanecido junto a él desde hace mucho, mucho tiempo. Sin embargo le sorprendió pensar como lo planteaba Andrew, alegando que su vida tampoco era la más justa y que aún así él no debía hacerle daño a nadie, cuando él si que había sufrido daños. La curandera sabía de sobra que las razones de Fabio eran más que suficientes para hacer lo que hacía, y por eso nunca había tratado de detenerlo del todo. Comprendió que lo que Fabio intentaba decirle al joven Andrew era que, por muy desgraciado que seas, el último recurso que puedes utilizar es la venganza y la muerte de otras personas para pagar todo lo que has sufrido. Es al fin y al cabo lo que el asesino hacía, pero no cabía duda de que definitivamente él tenía las razones suficientes para hacerlo, comparadas con las de Andrew. Pero Fabio no trató de explicárselo, no medió palabra. Asaya decidió intervenir.
-Ya... ya hablaréis de esto en otro momento. Andrew, descansa, nos espera un día duro en tan solo unas horas.
El chico no dijo nada, y se fue serio hacia su habitación, a acompañar a su hermana. Asaya seguía sentada en el suelo junto a Fabio, que en ese momento se giró para mirarla.
-Nunca lo entenderá-suspiró él-.
-Claro que nunca lo entenderá, no si no se lo explicas.
-Es muy pequeño como para intentar meterle cosas en la cabeza en las que no tiene que pensar. Ya tiene suficiente con preocuparse de su hermana, y...
-No es tan pequeño-dijo Asaya-. Tu lo fuiste más, y aun así tuviste que aprender a hacer lo que no quieres que él haga ahora. Tampoco quieres que odie, cuando tu ya lo hacías y lo sigues haciendo. Él intuye que intentas darle una lección que tu no has terminado de aprender, y en cierto modo es verdad.
-Sí, es cierto-dijo él-. Pero también es cierto que yo no tuve elección, y que él si la tiene. ¿Por qué condenarlo a que sufra la misma suerte que yo, cuando puede simplemente escoger un camino mejor, aunque ahora no le parezca que lo haya? No sabes lo que es cargar con multitud de muertes a tus espaldas... nunca se puede vivir tranquilo con ese peso.
-Pero lo entiendo-dijo ella, acariciándole el cabello-. Y entiendo que quieras librarle de una carga como esa, y apartarlo de seguir un camino como el tuyo, teniendo elecciones más beneficiosas para él, ahora que aun puede elegir. Solo que él no lo entenderá si te tiene como ejemplo a ti, que pareces tener razones obvias para matar a la gente. Tu y yo sabemos como son las cosas, pero él no. Tendrás que enseñarle de otra manera a seguir el camino adecuado.
-Eso es otra cosa que me atormenta-dijo él-. Tener que actuar como una especie de padre. No tengo por qué darle lecciones de ningún tipo, y aun así todo apunta a que ahora tendré que hacerlo.
-Al fin y al cabo es muy noble por tu parte intentar llevar a un joven por el buen camino. Él ha perdido a sus padres, y ahora solo nos tiene a nosotros para aprender a dirigir su vida.
-Si, Asaya, pero nosotros tampoco tenemos tanto que enseñarle, o quizá no poseamos la experiencia necesaria para darle lecciones a un jovenzuelo. Somos jóvenes también.
-Lo sé-sonrió ella-. Pero ya no nos queda elección, al menos por el momento.
-No, supongo que no.
Ella siguió sonriendo y se acomodó a su lado en el sofá, acostándose junto a él y agarrándole por la cintura, siendo cuidadosa con su herida. Él la seguía mirando, y poco después se acercó a sus labios y le dio un ligero beso, cerrando ambos los ojos para disfrutar del momento tan esperado. Fabio y Asaya eran una pareja extraña desde hace mucho tiempo, sobretodo por Fabio, pero tiempo atrás, bastante tiempo atrás, fueron una pareja normal y lo seguirían siendo de no haber sido por las circunstancias que cambiaron a Fabio por aquel entonces. Circunstancias que hicieron que la vida de Fabio cambiara por completo, cuando conoció su propia verdad y la de su familia, diez años atrás. Circunstancias que, por ese entonces y hasta el día de hoy, suponen sus motivos para matar.

2 comentarios:

  1. Jojojojojojo!

    Ya sabia yo que Asaya y Fabio tenian algo, se veia venir, obviamente XD. Es la tipica pareja medieval, en la que el es el chico peligroso, que es un asesino, y ella es la chica curandera, que lo cuida, pero es bastante madura y es la unica persona que lo comprende.
    (Si hubieses jugado Fire Emblem, me entenderias)

    Bueno, pues estoy muy interesado en saber cuales son las razones de Fabio, y me simpatiza cada vez mas Andrew owo. Ya tienen que ser bastante fuertes los motivos del asesino como para que los del chico no sean nada comparado con los suyos.

    Esperando al siguiente ~

    Feliz Navidad y gracias por el Fabio navideño e_e

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  2. Tarde, pero ya sabes eso que se dice que mejor tarde que nunca. Cuando iba a leerlo me olvidaba y al final lo fui dejando xD.

    Digo lo mismo que Sato, que no me parecía nada raro que fueran pareja (distes pistas cuando se encontraron por primera vez ê_e).

    Quiero saber las razones de Fabio para ser un asesino, Sr.Malvadoquesiempredejaloscapítulosydemásconintrigaparahacernosleer (SMQSDLCYDCIPHL) ;D.

    Escuché la canción de la entrada que va después de está y me gustó, le da un buen toque ;DD.

    Date por comentado muahaha.

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Que buen@ eres, ¿vas a dejar un comentario? :_3