29/3/10

Fabio's Chronicles 6

Si... si... ¡SIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!

FASDJFADS por fin XD. Hasta yo tenía ganas de que saliera este próximo capitulo de una vez por todas, estaba asqueado de no poder terminar el siguiente por estar ocupado y por pura vagancia. Pero bueno, puedo celebrar mi entrada número 50 con el capitulo número 6º de esta historia mía que sé que pocos leéis xD. Prometo revivir el blog, que por exámenes y vagancia (lol xD) he dejado abandonado un poquito, sin entradas random ni nada. Pobrecitos lectores míos, ya sabéis que os amo T_T.

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Fabio se encontraba en la parte alta de la casa de Asaya, observando el panorama de la ciudad. Ya se había puesto sus ropas y adherido las cuchillas a los brazos, preparado. Aun estaba un poco débil por la herida, pero durante la noche casi había cicatrizado por completo y ya podía moverse con libertad. Observando la ciudad desde el tejado había visto algo que no le gustaba, humo, y gritos desde diversos puntos de la ciudad. La ciudad acabaría muy mal si la gente y los malhechores no supieran controlarse ante la falta de gobierno en ese momento. El asesino también pensó en la guerra que se libraba las Tierras del Ecuador, que aunque existieran capitanes que dirigieran los movimientos de las tropas del Norte, en cuanto les llegara la noticia de la muerte del rey muchos dejarían de luchar, otros se verían perdidos y asesinados, y los últimos serían dirigidos por alguno de los capitanes, luchando aun conociendo la noticia de la muerte del rey, todo por el honor de su tierra.
Seguidamente el asesino se dejó caer en el patio trasero, aterrizando de cuclillas. Se dirigió al interior de la casa, donde Asaya, Andrew y Cora se estaban preparando para partir. La comida, el dinero y la ropa eran lo indispensable para Fabio, pero Asaya también debía llevar sus ungüentos, incluyendo lo necesario para hacer medicinas como la de Cora. La joven iba de aquí para allá de la mano de Cora y preparando su bolsa y la de la niña, mientras que Andrew esperaba apoyado en la pared con los brazos cruzados, la espada al cinto y la bolsa sobre el hombro. A Fabio le pareció más adulto, ahora que estaba enfadado por lo del día anterior y mantenía una expresión seria y la vista al frente. El asesino pensaba que Asaya tenía razón, él no era un crío. Era incluso más que eso, habiendo pasado por muchas dificultades en su vida. Era difícil ayudarle, aun comprendiéndole tan bien como lo hacía Fabio. El asesino lo miró otra vez más, intentando no preocuparse por él, pero finalmente se acercó.
-¿Quieres practicar un rato? Antes de irnos.
Asaya levantó la vista de lo que metía la bolsa para mirarlos con curiosidad. Fabio se había acercado al chico por cuenta propia y al parecer le había propuesto algo antes de que se marcharan. Andrew, por su parte, enarcó una ceja y apartó la mirada un momento, luego volviéndola para fijar su vista en los inquebrantables ojos del asesino, volviendo luego a apartar la mirada. Parecía indeciso.
-Te espero en el patio de atrás, si te apetece-susurró Fabio-.
Ya estaba fuera cuando Andrew decidió mirarlo de nuevo para aceptar su propuesta. Miró a Asaya y a Cora, que a su vez lo miraban con atención. Éste suspiró y sacó su espada, saliendo afuera rápida y sigilosamente, imitando a Fabio. Cora miró a Asaya, asustada.
-No se irán a hacer daño, ¿verdad? ¿Qué pretenden?
Asaya sonrió.
-No te preocupes. Son cosas de chicos.
Afuera, Fabio esperaba de espaldas a la entrada al patio, mirando hacia la puerta. No tenía el gorro puesto y parecía distraído mirando algo inexistente. Andrew, atraído por la posibilidad de cogerlo por sorpresa, se acercó a él con cuidado y fue a golpearle con la espada en un costado. Fabio, sin mover más que su brazo y casi en una décima de segundo, movió el hombro hacia arriba y recogió el codo apretando a su vez la palma de su mano, sacando así la cuchilla derecha por la zona del costado y frenando el filo de la espada del chico. Se dio la vuelta, manteniendo el contacto entre las dos hojas afiladas.
-No importa lo sigiloso que vayas si eres lento-dijo Fabio-. Si es un enemigo con gran percepción, solo bloqueará con facilidad.
Andrew no dijo nada y liberó la hoja de su espada de la cuchilla de Fabio. Intentó atacar por las piernas y la cabeza, pero con solo movimientos del brazo y sin moverse, Fabio los bloqueaba con facilidad. Era verdad, era demasiado lento. Atacó más fuerte, blandiendo la espada con las dos manos e intentado atacar por varios flancos a la vez. El asesino repitió la estrategia, y el chico empezaba a cansarse. Cada vez estaba más cabreado y nervioso por no poder moverle siquiera, y a Fabio le recordó al rey Adelbert, movimientos torpes y ansias por alcanzar el objetivo.
-Tranquilo. Concéntrate. Lleva la espada a los puntos desprotegidos y que estén lejos del arma para que sean más difíciles de bloquear rápidamente. No solo ataques, rechaza mi cuchilla para alejarla y tener hueco libre para atacar.
Andrew obedeció e intentó llevar sus consejos a la práctica, aún sin decir nada y con el ceño fruncido. Debido a los amplios movimientos del chico, atacando por flancos lejanos, el joven asesino cada vez tenía que mover más la mano para bloquear. Andrew juntó la estrategia con ir más rápido y certero, y como el asesino no atacaba, Fabio tuvo que retroceder un paso. Pero cuando Andrew se acercaba peligrosamente y empezaba a acorralarlo contra la pared, de un fuerte contacto entre ambos filos, la espada de Andrew voló por los aires. Fabio se mostraba tranquilo y satisfecho de los progresos de su aprendiz, pero Andrew parecía seguir cabreado.
-Mucho mejor.
-No es justo-dijo entonces-. Tu cuchilla no se suelta de tu brazo, y tienes más posibilidades de ganar con ella.
-Tengo la mitad de filo que tú-sonrió-. Teóricamente con un arma larga es más fácil ser ofensivo y atacar de un poco más lejos, con las cuchillas tienes que arriesgarte a estar muy cerca de tu rival. Restando las desventajas de cada arma, estamos en igualdad de condiciones.
-¿Me tomas el pelo?-resopló Andrew-. Ni siquiera atacabas, y me bloqueas con insultante facilidad. No tengo posibilidades contra ti.
-¿Acaso quieres matarme de verdad, chico?-dijo Fabio-. Sólo estas aprendiendo a combatir, aun no tienes experiencia ni habilidades entrenadas. Yo sí, y es por eso que estamos a otro nivel, y para poder estar a iguales no te ataco, sólo defiendo y rechazo con fuerza, tal y como lo haría con cualquiera. Por algo hay que empezar, y admito que aplicas lo que te digo con facilidad. Tienes facultades, y pronto podremos pasar a algo más serio.
-Creí que no me darías clases y te limitarías a combatir conmigo-replicó Andrew, recogiendo su espada-.
-He cambiado de opinión, aunque te cueste aceptarlo, te hace falta algo de formación antes de enfrentarte a mi directamente.
-Claro que lo acepto, no me creo tan superior como tú.
Fabio resopló y rió por lo bajo.
-No te enfades conmigo, Andrew. Comprende que tratar con personas nunca ha sido mi especialidad desde hace mucho tiempo, y me cuesta adaptarme a situaciones determinadas y responder y expresarme adecuadamente, a veces eso me hace parecer algo que no soy. Hace muchos años que he estado solo, actuando por mi cuenta, y eso me ha vuelto así. Sé que piensas que tú y yo somos muy diferentes, pero te equivocas. Yo era como tú, alegre y preocupado por las personas importantes para mí, intentaba protegerlas y cuidar de ellas. Pero un buen día todo cambió, y tuve que crear la imagen con la que me ves todos los días, serio, distante y lleno de odio. Un asesino. Ya es algo que no puedo evitar, porque mi cometido en la vida requiere que sea de esta manera. Estoy atrapado, chico. Tengo tan asumido que tengo que ser de una manera determinada que me cuesta horrores sincerarme contigo aquí, porque mi ser me dice que tengo que seguir manteniendo el porte de un asesino y que hablar o mostrar sentimientos no debe ser una de mis virtudes.
-¿Por qué?-preguntó Andrew, tras un momento de silencio-.
-Porque necesito ser así para ser fuerte y afrontar lo que debo hacer en un futuro. Reblandecerme, obtener responsabilidades como cuidaros a vosotros o mostrarme más sensible solo son obstáculos que entorpecen el cumplimiento de mi objetivo. No quiero ser un asesino y matar a gente aunque se lo merezca, pero es lo que debo hacer y por eso necesito una máscara que vaya acorde con mis objetivos.
Andrew pensó un momento.
-¿Entonces ese rey merecía morir? ¿Cuál es ese objetivo que te hace matar incluso a personas tan importantes?
-No debes saberlo todavía, ni tú ni nadie. No quiero implicarte, y sabiéndolo ya estás implicado. No quiero que trates de ayudarme en lo que me toca hacer, o que quieras unirte a la causa. Ya somos bastantes haciéndolo...
-¿No eres solo tú? ¿Hay más asesinos?
-Y tanto-sonrió Fabio, mirando al cielo-. Por desgracia nos une a todos el mismo objetivo, y hacemos todos lo mismo en diferentes lugares para cumplirlo. Solo podemos estar seguros de que, si algún día terminamos con todo esto, nuestros corazones podrán descansar tranquilos. Aun con el peso de muchas muertes. Tomar la decisión de matar a alguien, aunque estés entrenado para hacerlo rápido y sin reparo, es algo muy importante. Todos merecemos vivir, aunque sea en un calabozo por haber hecho algo mal. He segado muchas vidas, y con ello, muchas oportunidades de disfrutar del resto de la vida que les quedaba a cada uno se han desvanecido.
Andrew se limitó a escuchar y a reflexionar en las palabras del asesino. Aunque todavía no podía comprenderlo, ni a él ni a su objetivo, le conocía ahora un poco mejor y la confianza se había renovado. Era un asesino, sí, pero al menos sabía que no era algo que él hiciera por gusto. Y había reconocido haber sido como él en un pasado, pegando un cambio brusco para entrar en la faceta de asesino. Comprendió entonces lo que Fabio le había dicho el día anterior, solo intentaba ayudarle a que siguiera el buen camino.
-Gracias, Fabio.
-No pensé que contarte mi vida te fuera a ayudar, pero me alegra si así ha resultado ser y has reflexionado al respecto. No puedo ser un padre para ti, pero creo que algo podrás aprender de las enseñanzas de un asesino como yo.
-Personas peores me podrían haber tocado-sonrió él-.
-Lo dudo-dijo Fabio, sonriendo también-.
Pasaron un rato más practicando movimientos, rechazos y algunas fintas y trucos para ser más rápido y ágil, que Andrew asimiló con rapidez y llevó a la práctica combatiendo con Fabio. El asesino tenía que retroceder en contadas ocasiones, incluso desarmarlo de vez en cuando cuando la cosa empezaba a ponerse peligrosa. El chico, con energía y algo más de humor, ponía todo su empeño en mejorar su técnica y llegar a ser un digno combatiente a Fabio algún día, para así sentirse preparado de proteger a su hermana o a Asaya cuando se vieran en apuros. El asesino le advertía que no fuera temerario y que lograra más que nada protegerse y proteger, evitar a toda costa hacer daño a alguien que no intentara hacerle daño a él. A Andrew todavía le costaba hacer caso a las indicaciones de alguien que mataba y mutilaba sin inmutarse, pero ya comprendía que lo hacía para inculcarle una enseñanza positiva. Un rato después, Asaya y la pequeña Cora aparecieron de la mano por la puerta de entrada al patio.
-Hola-dijo entonces Andrew, sonriendo mientras se concentraba en ejecutar unos movimientos contra Fabio-. Practicamos esgrima.
-Ya lo veo, ya-rió Asaya-.
-No te distraigas-dijo Fabio, disimulando una sonrisa y haciendo saltar su espada al aire una vez más, aterrizando con un ruido metálico. Andrew frunció el ceño-.
-Me distraiga o no haces eso cuando te parece...
Fabio iba a contestar, pero oyó un ruido fuerte en la parte delantera de la casa. Se puso serio y, trepando por la pared trasera de la casa, indicó a los tres que cogieran las cosas y se prepararan para salir. Mientras ellos se apresuraron en hacerlo, Fabio caminó por la azotea de piedra de la casa de Asaya hacia la parte delantera. Vio que un grupo de hombres provocaban disturbios asaltando una casa próxima a la salida del callejón que daba a donde se encontraban en ese momento. Se apresuró a volver a bajar por detrás, y atándose a la espalda su bolsa, cedida por Asaya, indicó a los tres que salieran por la puerta trasera.
-Escuchadme bien-dijo Fabio-. Esperaba poder deciros esto con algo más de tiempo, pero los disturbios han llegado a esta parte de la ciudad y debemos salir de aquí. Lo más importante es que no os separéis nunca. Yo iré delante y Andrew irá detrás. No te detengas, Andrew. Y Asaya, tendrás que vigilar y cuidar de Cora en todo momento, marchando entre Andrew y yo. Sé que esto os parecerá muy básico y quizá algo exagerado, pero es necesario para que no pase nada y podamos salir ilesos de aquí.
Los tres asintieron y se apresuraron a salir por la puerta trasera. Asaya pareció dudar, estaba dejando atrás su propia casa, pero asegurándose de que lo llevaba todo en su bolsa y a Cora bien sujeta de su mano, marchó tras Fabio por una de los caminos secundarios de la ciudadela. Se oían gritos y ruidos de cosas rompiéndose. Fabio todavía no lograba comprender a qué tanto revuelo y ansias de destruir su propia ciudad. Quizá solo fueran malhechores aprovechándose de la ausencia o desorganización de los guardias de la capital. O quizá había estallado una guerra interna entre importantes familias para ocupar el trono de las Frías del Norte. Eso a él no le importaba, porque allí ya no había nada más que hacer. Adelbert era su único objetivo, y ahora muerto, ya no era una amenaza. Carcer Carnifex también se quedaría sin protección con el tiempo, y esto también entraba en los planes del asesino. Ahora sólo debía dirigirse a las Tierras del Este, con la dificultad añadida de llevar a su pareja, Asaya, y a dos niños a su cargo. Andrew por su parte dejaba de parecerle un niño, tal y como había notado durante la mañana, y le recordaba a Marcos. Le dolía pensar en Marcos, pues los unía una relación muy difícil y ahora se habían separado a pesar de que nunca habían estado muy juntos. Por otro lado resurgió el dolor por la muerte de Fausto, pero evitó pensar en ello e intentar salir de allí sin complicaciones. Pronto llegaron a un callejón sin salida, tendrían que tomar un camino principal que les dirigiera a una de las puertas.
-¡Estad atentos ahora!-advirtió Fabio, mientras los ruidos se oían más fuertes-.
Salieron a la calle principal, y Fabio tuvo que librarse de un hombre de aspecto sospechoso lanzándolo de una patada contra unas cajas, haciendo que cayera de culo hacia atrás. El hombre no se rindió y se volvió a levantar, y entonces Fabio le reconoció.
-No me lo puedo creer-susurró-.
Era el borracho que se había encontrado el día anterior. Esta vez, con una espada al cinto y mejor vestido, pero con la mirada perdida y un ligero tambaleo.
-¡Tranquilo!-gritó el borracho por encima del barullo, mientras Fabio intentaba ocultar tras de sí a su compañía-. Solo quería darte las gracias por algo...-hipó-algo que has hecho.
-Aléjate de aquí-le advirtió Fabio-. O acabarás mal.
-¡Eh, eh!-replicó el hombre-¡Qué solo quiero darte las gracias por matar a mi hermano! ¡Ahora seré rrrey!
-Deliras-le dijo Fabio-.
-Soy... hip... el hermano menor de Adelbert. Él me echó del castillo, a su propio hermano... je, por mi adicción a la bebida... Papá lo hubiera castigado.
Fabio lo inspeccionó detenidamente. Suponiendo que fuera verdad y si ese hombre iba a ser el nuevo rey, tal vez le guardara rencor y la situación no mejorara.
-Nunca serás rey-le dijo el asesino-. Nadie te aceptará, habrá familias mejores luchando por ello.
-Pero yo soy el heredero, ¿verdad?-dijo, hipando de nuevo-. ¡El trono me pertenece!
Fabio miró a Asaya, que lo miraba atentamente. Probablemente aquel hombre debiera morir en ese instante, porque no le convenía que hubiera un heredero al trono tan pronto. Pero no tendría poder para ascender a gobernante, nadie le haría caso.
-No tienes apoyos, olvídalo-dijo Fabio, dispuesto a dejarlo atrás y advirtiendo a los otros que se iban a dirigir directamente hacia la puerta-.
-Ah, ¿no?-dijo el borracho, riendo-¿Quién lo dice?
De detrás de una casa y por los tejados salieron algunos guardias y personas con espadas y armas. Fabio, alarmado, les dijo a Asaya, Andrew y Cora que retrocedieran.
-¿Por qué apoyáis a este borracho?-preguntó Fabio, incrédulo-.
-Nos ha prometido gobernar mejor que Adelbert-dijo uno de los guardias de la ciudad-. Y será mejor que cualquier ricachón que ascienda al trono y se ponga a darnos órdenes. Haremos lo que él diga.
El borracho rió.
-Pues mi primera orden es... ¡matadle!
Fabio entrecerró los ojos. Serían unos diez sin contar al supuesto hermano de Adelbert, y no debía permitir que se acercaran a Asaya o a los niños. Al primero que se acercó le cogió de los hombros y le dio un rodillazo en el estómago, enviándolo a las cajas donde había aterrizado al borracho, dándose un duro golpe en la cabeza con una de madera. El segundo fue rechazado de igual manera, pero volvió sacando su espada. Fabio sacó la cuchilla derecha.
-Estáis a tiempo de elegir-advirtió-. Seguir a este borracho o vivir lo que os queda.
El hombre no respondió y se abalanzó saltando hacia él. Fabio, según caía, levantó la cuchilla y se la enterró en el estómago, empujándolo luego para sacarlo de ella. El tercero se acercaba por detrás junto al cuarto, que parecía ir hacia Asaya. Mientras retiraba al tercero de un codazo que le hizo tropezar con el hermano de Adelbert y caer los dos al suelo debido a la inestabilidad del borracho, desarmó al que iba a por Asaya y le pegó un puñetazo con la mano izquierda, tirándolo al suelo. Los otros cinco parecieron organizarse, algo atemorizados pero decididos, y se acercaron lentamente hacia él, todos con una espada. El borracho se incorporó lentamente, mientras se sacaba de encima al que había recibido el codazo.
-¡Vamos, acabad con él!-les animó-.
No parecían muy decididos, así que Fabio intervino, sacando la cuchilla izquierda.
-Esta vez no usaré las manos para pegar puñetazos, y las patadas serán para quitaros de mis cuchillas cuando estéis enterrados en ellas, como pasó con vuestro compañero-señaló al que se había abalanzado sobre él, que yacía inerte en el suelo-. Fuera de aquí.
Tres de ellos se miraron entre sí y luego al borracho que los dirigía, y corrieron hacia el centro de la ciudad, decididos a querer seguir viviendo. Los otros dos sonrieron dándose cuenta de algo, al igual que su jefe.
-Mira a tu espalda-sugirió el borracho-.
Fabio lo hizo y contempló como el que había recibido el puñetazo apoyaba el filo de su espada en el cuello de Asaya, y había tirado a Andrew y Cora al suelo de un empujón que los había dejado sentados contra la pared, frotándose la cabeza.
-Si os acercáis, la mataré-advirtió-. Si mueres tú, los dejaremos ir.
Fabio no sabía muy bien que hacer, pues estaba en juego la vida de Asaya, que le miraba con preocupación y miedo. Si se lanzaba a matar al que la amenazaba, probablemente sería demasiado lento. Y si intentaba cualquier otra cosa podría matarla de igual manera. Se decantó por su única opción, pero luego fijó la vista en Andrew. Se levantó lentamente sin que el de la espada se diera cuenta, y sigilosamente rápido, le desarmó por detrás introduciendo el filo entre él y Asaya, con un fuerte contacto entre los dos filos que hizo resbalarle la espada de la mano, hacia atrás. Fabio aprovechó y, antes de que se girara hacia Andrew o intentara recoger su espada, enterró la cuchilla derecha en su corazón, abalanzándose sobre él y haciendo que cayera de espaldas, con el asesino encima. Se desplomó hacia atrás, provocando que la cabeza colgara inerte y mirara a Cora al revés. Ella chilló de miedo, y Asaya se dirigió corriendo hacia ella y la cogió en brazos, ocultándole la cabeza en su hombro para que no mirara. Fabio miró a Andrew, en su rostro solo reflejaba la preocupación por que su hermana viera morir a personas y quizá algo de satisfacción por haber ayudado. Cuando Fabio retiró el cuerpo hacia un lado y se giró hacia el borracho, él no estaba allí, ni los hombres restantes tampoco. Guardó sus cuchillas.
-Maldita sea.
-¿Crees que ascenderá al trono si vive?-susurró Asaya, aun protegiendo a Cora con una mano en su cabeza, apoyándola contra su hombro-.
-No es una gran amenaza, pero cabe la posibilidad. Alguien como él no hará mucho en estas Tierras, probablemente lo destituyan por mal gobierno, con suerte puede que decidan ejecutarlo. Pero si continúa con la guerra y renueva la seguridad de Carcer Carnifex todo este lío no habrá servido para nada...
-Entonces ve, encuéntralo. Nosotros te esperaremos para marcharnos.
-No puedo dejaros aquí, esta ciudad es más peligrosa con el paso del tiempo...
-Pues llévanos fuera y vuelve tú-sugirió Andrew-. Te esperaremos, yo las protegeré si hace falta. Confía en mi.
El asesino pensó un momento, pasando la mirada por el joven una vez más. Había hecho un gran trabajo desarmando a aquel matón, con la misma táctica que habían estado practicando aquella misma mañana. Tan pronto como la asimilaba y practicaba un poco ya la tenía dominada. Era sorprendente. No sabía luchar muy bien aún, pero sin duda podría proteger a Asaya y Cora si decidía llevarlas a algún escondite mientras él asesinaba al supuesto hermano del fallecido rey de las Tierras. Asintió.
-Está bien. Salgamos de aquí.
Asaya con Cora en brazos y Andrew siguieron al asesino en formación por la calle principal. Veían a muchos alborotadores a lo lejos de aquí para allá, pero en la entrada a la ciudad solo habían un puñado de ciudadanos asustados y preparados para salir de allí, algunos indecisos y otros ultimando el equipaje. Se colaron entre ellos y lograron salir por la puerta principal, que ya no estaba vigilada. Caminaron entre terrenos y casas hasta que se alejaron lo suficiente de allí, y se ocultaron entre un pequeño bosquecillo de árboles y verde prado. Para su sorpresa, por allí cerca se encontraron a un viejo amigo.
-¡Vida!-dijeron Andrew y Cora-.
Asaya puso cara de extrañeza hasta que vio a lo lejos un caballo castaño que correteaba libremente. Fabio se acercó a él con cuidado, y para su sorpresa el caballo acudió y se dejó acariciar el lomo dócilmente.
-Increíble, pero cierto-dijo Fabio entre dientes-. Este caballo parece no querer dejarnos atrás.
-Creo que le gustas-rió Cora-.
-No lo creo-dijo Fabio, sonriendo a medias-. Pero puede sernos útil. Dejadle algo de comer y que no se vaya muy lejos, nos vendrá bien para transportarnos más adelante.
El asesino se marchó no sin antes dirigirle una blanda mirada a Asaya, ante ella aunque no quisiera sus sentimientos se mostraban totalmente. Corrió hasta la capital, y se internó en el barullo de gente para encontrar al hombre que los había molestado momentos atrás. No podría haber llegado muy lejos, y de pronto a Fabio se le ocurrió donde podía estar. La taberna. Entró a la más cercana, en la que había algo de barullo y ambiente de pelea, y lo buscó desde la entrada con la mirada. Entró un poco más al no verlo, y de pronto notó que algo se escabullía corriendo a su lado. Se dio la vuelta y lo vio, corriendo como un conejo asustado. No tardó en ir tras de él y agarrarlo de sus ropas, quitándole su espada y tirándola lejos. Lo cogió por la camisa y lo retuvo frente a él.
-Aun estás a tiempo de desmentir que eres hermano del rey-dijo Fabio-.
-Es la pura verdad-dijo él, mirándole seriamente y luego riendo como un loco-. Ahora sin seguidores y con mi familia muerta ya no tengo por qué seguir viviendo. Solo acabaría con el alcohol de esta maldita ciudad, borracho día y noche, haciéndome viejo y viendo como se pelean unos y otros por conseguir el trono que realmente me pertenece. Mátame.
-No me lo pidas dos veces.
El acero de la cuchilla de Fabio se deslizó tan sigilosamente como siempre, saliendo a presión en dirección al corazón de su víctima y recogiéndose de nuevo, goteando algo de sangre. Fabio agarró al individuo por la parte posterior de la cabeza y lo depositó en el suelo con cuidado.
-Descansa en paz, legítimo sucesor de las Frías Tierras de nadie. Ojalá el nuevo rey no sea tan mal candidato como tú.

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En serio, siento la tardanza xD. Espero que os haya gustado. Si no queréis que vuelva a tardar tanto, más vale que comentéis mucho :B.

¡Saludetes!

2 comentarios:

  1. cvjgbsñjkdfbgihsfbilsfbhfgh
    ESTE CAPITULO ME HA ENCANTADO XD Aunque casi todos los de Fabios me gustan un monton, tu lo sabes.
    Pero sobre todo la parte del final, ha sido genial. Esto deberia ir a citas del tuenti, que soy capaz de ponerla y todo.

    Ya sabia yo algo sobre lo de Andrew y Fabio, ya que me lo adelantase la vez pasada, lo recuerdo xD Me hace ilusion que se establezca una relacion de tal semejanza entre ellos. Esto promete demasiado.

    Esperando el proximo capitulo y espero que no te entre la vagueza como siempre :D

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  2. ¡¡¡HOOOOOLAAAAA ADRIIIIIII!!! Ahora, comentando medianamente en serio, ¡Te odio! ¡Ahora me tengo aque leer todos los de Fabio's cronicles! ¡Me has aficionado a otra cosa, como si me hiciera falta! En serio, tío, eres un crack, ojalá siguiera mucho más... (En realidad ya me leí las 2 primeras partes, muy buenas...)

    Salu2

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